“No vayas detrás de mí, tal vez yo no sepa liderar. No vayas delante, tal vez yo no quiera seguirte. Ve a mi lado para poder caminar juntos.”
Proverbio Ute

Abuela Margarita: ‘Cuando quiero algo me lo pido a mi misma’ [reposición]


La Abuela Margarita, curandera y guardiana de la tradición maya, se crió con su bisabuela, que era curandera y milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse sigue cultivando la tierra. Cuando viaja en avión y las azafatas le dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: ‘No joven, que esto va a parar a la Madre Tierra’. Rezuma sabiduría y poder, es algo que se percibe con nitidez. Sus rituales, como gritarle a la tierra el nombre del recién nacido para que reconozca y proteja su fruto, son explosiones de energía que hace bien al que lo presencia; y cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se agita.

Ella nos dice: ‘Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México), y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego. Nuestro origen es la Madre Tierra y el Padre Sol. He venido a la Fira de la Terra para recordarles lo que hay dentro de cada uno.’

-¿Dónde vamos tras esta vida?

-¡Uy hija mía, al disfrute! La muerte no existe. La muerte simplemente es dejar el cuerpo físico, si quieres.

-¿Cómo que si quieres…?

-Te lo puedes llevar. Mi bisabuela era chichimeca, me crié con ella hasta los 14 años, era una mujer prodigiosa, una curandera, mágica, milagrosa. Aprendí mucho de ella.

-Ya se la ve a usted sabia, abuela.

-El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí para todos, basta tomarlo. Los curanderos valoramos y queremos mucho los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra), los llamamos abuelos. La cuestión es que estaba una vez en España cuidando de un fuego, y nos pusimos a charlar.

-¿Con quién?

-Con el fuego. ‘Yo estoy en ti’, me dijo. ‘Ya lo sé’, respondí. ‘Cuando decidas morir retornarás al espíritu, ¿por qué no te llevas el cuerpo?’, dijo. ‘¿Cómo lo hago?’, pregunté.

-Interesante conversación.

-’Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu -me dijo-, ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80%, que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20%, ¿qué te cuesta cargar con eso?’.

-¿Y para qué quieres el cuerpo?

-Pues para disfrutar, porque mantienes los cinco sentidos y ya no sufres apegos. Ahora mismo están aquí con nosotras los espíritus de mi marido y de mi hija.

-Hola.

-El muertito más reciente de mi familia es mi suegro, que se fue con más de 90 años. Tres meses antes de morir decidió el día. ‘Si se me olvida -nos dijo-, me lo recuerdan’. Llegó el día y se lo recordamos. Se bañó, se puso ropa nueva y nos dijo: ‘Ahora me voy a descansar’. Se tumbó en la cama y murió. Eso mismo le puedo contar de mi bisabuela, de mis padres, de mis tías…

-Y usted, abuela, ¿cómo quiere morir?

-Como mi maestro Martínez Paredes, un maya poderoso. Se fue a la montaña: ‘Al anochecer vengan a por mi cuerpo’. Se le oyó cantar todo el día y cuando fueron a buscarle, la tierra estaba llena de pisaditas. Así quiero yo morirme, danzando y cantando. ¿Sabe lo que hizo mi papá?

-¿Qué hizo?

-Una semana antes de morir se fue a recoger sus pasos. Recorrió los lugares que amaba y a la gente que amaba y se dio el lujo de despedirse. La muerte no es muerte, es el miedo que tenemos al cambio. Mi hija me está diciendo: ‘Habla de mí’, así que le voy a hablar de ella.

-Su hija, ¿también decidió morir?

-Sí. Hay mucha juventud que no puede realizarse, y nadie quiere vivir sin sentido.

-¿Qué merece la pena?

-Cuando miras a los ojos y dejas entrar al otro en ti y tú entras en el otro y te haces uno. Esa relación de amor es para siempre, ahí no hay hastío. Debemos entender que somos seres sagrados, que la Tierra es nuestra Madre y el Sol nuestro Padre. Hasta hace bien poquito los huicholes no aceptaban escrituras de propiedad de la tierra. ‘¿Cómo voy a ser propietario de la Madre Tierra?’, decían.

-Aquí la tierra se explota, no se venera.

-¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos, y somos tierra, cosmos y gran espíritu. Y cuando hablamos de la madre tierra, también hablamos de la mujer que debe ocupar su lugar de educadora.

-¿Cuál es la misión de la mujer?


-Enseñar al hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de comportarse con la mujer y con la madre tierra. Debemos ver nuestro cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la manera de que sea dulce y nos llene de sentido. La vida llega a través de ese acto de amor. Si banalizas eso, ¿qué te queda? Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible. Yo quiero decirle algo a todo el mundo…

-¿…?

-Que pueden usar el poder del Gran Espíritu en el momento que quieran. Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y funciona.

-Hay muchos creyentes que ruegan a Dios, y Dios no les concede.

-Porque una cosa es ser limosnero y otra, ordenarte a ti mismo, saber qué es lo que necesitas. Muchos creyentes se han vuelto dependientes, y el espíritu es totalmente libre; eso hay que asumirlo. Nos han enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos y entre nosotros.

-Mientras no te empaches de ti mismo.

-Debemos utilizar nuestra sombra, ser más ligeros, afinar las capacidades, entender. Entonces es fácil curar, tener telepatía y comunicarse con los otros, las plantas, los animales. Si decides vivir todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.

-¿Desde cuándo lo sabe?

-Momentos antes de morir mi hija me dijo: ‘Mamá, carga tu sagrada pipa, tienes que compartir tu sabiduría y vas a viajar mucho. No temas, yo te acompañaré’. Yo vi con mucho asombro como ella se incorporaba al cosmos. Experimenté que la muerte no existe. El horizonte se amplió y las percepciones perdieron los límites, por eso ahora puedo verla y escucharla, ¿lo cree posible?

-Sí.

-Mis antepasados nos dejaron a los abuelos la custodia del conocimiento: ‘Llegará el día en que se volverá a compartir en círculos abiertos’. Creo que ese tiempo ha llegado.

liberacionahora.wordpress.com





Todo es Vibración, Tú Eres Vibración, el Universo También lo es...


Jorge Ramos | La Física Cuántica nos dice que todo está formado bajo una realidad vibratoria y dependiendo de su nivel de frecuencia, además de la conciencia del observador, esta realidad formará parte de una existencia u otra. En otras palabras, que todo lo que percibimos a nuestro alrededor con nuestros cinco sentidos es vibración.

Para vuestro deleite y el mío, tanto visual como sonoro, os dejo con este maravilloso vídeo. Decir que en él todos los experimentos son tan auténticos como nuestra propia existencia.

Subid el volumen de vuestro aparato, y no olvidaros de vibrar, vibrad muy alto...



Nuestro Cuerpo Recupera su Capacidad Innata de Sanarse a sí Mismo


[...] La información es luz, puede iluminar, cambiar positivamente la vida de las personas, pero muchas personas parecen no estar recibiendo la información adecuada, porque -si la recibieran- podrían sanar y preservar su salud. [...]

Existe inteligencia en todo ser vivo.

Al estudiar nuestro cuerpo físico, podemos darnos cuenta de que es una máquina maravillosa, perfecta e inteligentemente diseñada para funcionar en condiciones óptimas ¿Por cuánto tiempo?

Hemos llegado a creer que la enfermedad y el deterioro o envejecimiento de nuestro cuerpo es  algo “normal”, pero ¿lo es?


Testimonio:

A nuestros 42 años de edad, por medio de un Análisis BTA, nos enteramos que nuestro organismo tenía tal nivel interno de deterioro que su edad biológica era de 56 años.

La condición general en la que estaban nuestros órganos y sistemas, la explicamos en el artículo ¿Qué te han dicho de la Helicobacter Pylori?

Días después de iniciar un proceso de desintoxicación e hidratación, sentimos un dolor de espalda tan intenso que era insoportable. Ya habíamos padecido de frecuentes dolores de espalda y cuello, cuando por nuestro trabajo y estudios pasábamos muchas horas seguidas sentadas en un escritorio.

Gracias a ese dolor, llegamos a un centro quiropráctico. Nos mostraron un video explicativo sobre qué es la quiropráctica y cómo puede ayudar a que nuestro cuerpo recupere su capacidad innata de sanarse a sí mismo, sin tomar medicamentos.

Después de chequear nuestra columna vertebral con sus manos, el médico quiropráctico nos explicó que teníamos doce vértebras subluxadas, es decir, que estaban desalineadas,  fuera de su posición normal; y que esto podría ser la causa de la mayoría de los malestares que estaba presentando nuestro organismo.

Nos explicó que el sistema nervioso es el que regula y conduce el funcionamiento de todos los órganos, por medio de impulsos que transmiten información. El cerebro es quien emite esos impulsos inteligentes, los cuales deben llegar a cada célula, a cada órgano, a través de la médula espinal y los nervios.

Esta información transmitida desde el cerebro a cada célula, permite mantener todas las funciones vitales del organismo. La columna vertebral es la encargada de proteger la central de este complejo sistema de comunicación.

Si una vértebra se sale de su posición normal, puede comprimir un nervio y producir un importante obstáculo en el sistema nervioso, generando pérdida de vitalidad, al disminuir el funcionamiento del órgano al que esa información debe llegar.

El doctor nos indicó radiografías específicas para confirmar lo que había detectado con las manos y para observar la posición exacta de nuestras vértebras subluxadas, así como para constatar si había daños en los discos y qué tipo y grado de daño.

En nuestro caso, doce órganos podían estar perdiendo su vitalidad, al no estar recibiendo la información desde el cerebro, de cómo debían funcionar.

Esta información coincidía con el estado general de salud que había reflejado el Análisis BTA, que nos habíamos realizado en un centro de medicina natural, independiente al centro quiropráctico.

Los resultados de las radiografías arrojaron que -además de las doce desviaciones en nuestra columna vertebral-, también teníamos varios osteófitos, que son protuberancias o excrecencias óseas que se producen en las vértebras, con forma de espuelas, los cuales reflejan la presencia de una enfermedad degenerativa, osteoartrosis.

Los osteófitos más grandes que teníamos estaban situados en el cuello y el de mayor tamaño, en la zona lumbar, justo por donde pasan los nervios que llevan la información de cómo debe funcionar el sistema reproductivo. 

“Muchas mujeres tienen esas vértebras desviadas en esta zona, y en el sacro, producto de caminar con tacones. También influye el estar demasiado tiempo sentadas, o haber sufrido algún accidente. Con estas vertebras desviadas, y osteófitos en esta zona, es difícil quedar embarazada”, nos explicó nuestro doctor.
Muchas mujeres que antes no podían embarazarse, logran hacerlo cuando la comunicación entre su cerebro y su sistema reproductivo se restablece, al liberar a sus vértebras de las subluxaciones o desviaciones.

Nuestra situación de salud comenzó a agravarse precisamente por problemas crónicos en nuestro sistema reproductivo, que se habían agudizado durante el año anterior a nuestra experiencia de sanación.  Seis meses antes de conocer a nuestros médicos naturópata y quiropráctico, nos habían realizado una histerectomía.

Después de muchos años de malestares y diversas complicaciones, nos tuvieron que extraer el útero, una de las Trompas de Falopio, y parte de uno de nuestros ovarios. Estos órganos presentaban un alto grado de deterioro y, antes de recibir los acertados diagnósticos del naturópata y el quiropráctico,  desconocíamos la causa que había provocado ese estado.

La medicina convencional -con sus recursos drásticos de extraernos los órganos o mantenernos tomando medicamentos tóxicos por tiempo hasta indefinido o de manera permanente- está más bien combatiendo síntomas, efectos, pero no las causas.   

El objetivo de la medicina debe ser el de sanar, no mantener a las personas enfermas o mutilarlas.

Con las radiografías específicas y la explicación recibida de parte de nuestro médico quiropráctico, pudimos comprender que un osteófito de gran tamaño, entre nuestras vértebras en la zona lumbar y del sacro, obstruía los nervios de esa zona, por lo que nuestros órganos habían dejado de recibir la información de cómo debían funcionar.

Debido a esa obstrucción en la comunicación cerebro-sistema nervioso-sistema reproductivo, nuestros órganos de esa zona no podían recibir luz (la luz del conocimiento de qué hacer y cómo hacerlo), y por eso comenzó el proceso prolongado de deterioro que desembocaría finalmente en su muerte.

El deterioro de estos órganos, a su vez, empeoraba la intoxicación orgánica que ya teníamos por deshidratación, químicos y otras causas; y así, estábamos inmersas en un grave proceso que pudimos entender, y luego corregir, al descubrir las causas que lo produjeron.  

Para sanar, es vital obtener un diagnóstico acertado. Para obtenerlo, hay que buscar la causa raíz de las alarmas (síntomas) que nuestro cuerpo emite, y no solo silenciarlas con medicamentos y cirugías.

Los osteófitos se producen cuando las desviaciones de las vértebras tienen muchos años. Son parte de un mecanismo de defensa de la misma columna vertebral, buscando equilibrarse.

Nuestro cuerpo, inteligentemente, busca compensar o corregir cualquier anomalía de la mejor forma que pueda.

Cuando nuestro cuerpo colapsa es porque ya ha sido sometido a un nivel de estrés que sobrepasa su capacidad de resistencia, que es bastante elevada.

Para el organismo producir estos osteófitos, necesita extraer calcio de nuestros huesos, por lo que este proceso degenerativo puede llevar a una descalcificación u osteoporosis. 

Según la medicina convencional, los osteófitos no son reversibles. Tenemos que aprender a vivir con ellos (lo que puede causarnos mucho dolor, porque mientras van creciendo poco a poco, pinchan o aplastan los nervios) o podemos someternos a una cirugía para eliminarlos (lo cual es factible dependiendo de la zona donde se encuentre el osteófito, pero que conlleva un alto riesgo, en la mayoría de los casos).

Imaginemos lo que implicaría extraer un hueso que sale de nuestra columna vertebral.

En la evaluación y diagnóstico inicial se nos explicó que nuestro caso era de los que más tiempo podía tomar para corregir, pues teníamos el “arco de la vida” al revés.

Nuestro tratamiento podía ser de 9 meses a un año -o más- pues dependía de cómo respondía nuestro cuerpo al tratamiento.

Los primeros seis meses, el tratamiento fue intensivo: tres ajustes quiroprácticos cada semana.

Cada tres meses debíamos tomarnos radiografías para evaluar la evolución de nuestra columna vertebral, hasta un máximo de tres juegos de radiografías, solo las necesarias, pues no es recomendable tomarnos muchos rayos x, porque podrían afectar nuestro ADN, según nos fue explicado por nuestro médico quiropráctico.


Posibles causas de las desviaciones en nuestra columna:

-       El proceso de nacimiento.

Desde aquella perversa sentencia “parirás a tus hijos con dolor”, la experiencia del proceso natural de nacimiento fue corrompida, y pasó de ser placentera -tanto para la Madre como para el bebe-, a ser una experiencia en muchos casos dolorosa y traumática.

Lo natural es que -en condiciones normales- el bebe nazca en el agua, sin ser forzado a salir, pues ese seco forcejeo puede causarle lesiones en su columna vertebral, todavía formada por cartílagos.  

Actualmente, la brusca o poco delicada manipulación de los bebes al nacer -en muchos casos- podría considerarse hasta inhumana. Una desviación en la columna, provocada por el proceso forzado de nacimiento, podría afectar la salud desde ese mismo momento y ocasionar un daño que tarde años en detectarse, después de haberse agravado, a menos que el bebe sea sometido a un chequeo y ajuste quiropráctico.

-       Las caídas en la infancia.

Pueden ser muchas nuestras caídas mientras estamos aprendiendo a caminar, montar bicicleta, patines o trepando árboles. Una de estas caídas pudo haber causado una desviación en nuestra columna, la cual no es detectada a menos que nos sometamos a un chequeo quiropráctico.  

-       Demasiadas horas sentados en un pupitre y luego en un escritorio.

Para mantenerse saludable, el cuerpo necesita movimiento, además de luz solar, alimentación adecuada y suficientes horas de sueño. Sin restar importancia a otros factores, como las emociones y el aspecto psicológico.

Entramos a la escuela y nos someten a estar sentados en un pupitre durante cuatro o más horas.  Luego crecemos, y muchos estudiamos y trabajamos, como era nuestro caso. Durante muchos años trabajamos en una oficina -sentados en un escritorio- una jornada de 8-9 horas al día, de 8am a 5pm; salíamos del trabajo para la universidad, por unas 3-4 horas, de 6pm a 10pm. Este ritmo de vida se traduce en un perjudicial sedentarismo, que con los años puede ocasionar daños a nuestra salud.  

-       El estrés.

-  Otras posibles causas, como malas posturas, golpes recibidos, accidentes o movimientos bruscos.


Resultados positivos de la medicina natural

A los seis meses de tratamiento (ajustes quiroprácticos) nuestra columna estaba bastante alineada y ya los osteófitos habían desaparecido en su mayoría, lo cual, ante la medicina convencional, podía considerarse un milagro

Entonces, nuestro tratamiento se redujo a dos ajustes cada quince días, en lugar de tres ajustes a la semana.

A los nueve meses de tratamiento, nuestra columna estaba alineada en su totalidad y libre de osteófitos.

La combinación de ambos tratamientos naturales -desintoxicación y ajustes quiroprácticos- funcionó de maravillas para restaurar nuestra antes precaria salud. 

Al restablecerse la capacidad innata de nuestro cuerpo para sanarse a sí mismo, por medio de la quiropráctica, la intoxicación por metales pesados de nuestro organismo desapareció más rápido de lo esperado por nuestro naturópata, quien nos había explicado que podía conllevar hasta años restablecer la salud de cada órgano y sistema vital.

A los nueve meses, llevando con disciplina ambos tratamientos (desintoxicación orgánica -con medicina natural- y quiropráctica) y asumiendo nuevos hábitos, ya estaba completamente sana. Y así hemos permanecido hasta hoy.  

Recuperamos nuestras fuerzas y sentimos una vitalidad y energía como no recordamos haber sentido antes.

Esta experiencia la vivimos durante el Año 2012.

En el 2013 publicamos nuestro testimonio de desintoxicación, pero hemos esperado hasta este 2014 para publicar este testimonio relacionado a nuestra columna vertebral, porque decidimos someternos primero a observación, durante un año más, para cerciorarnos de que nuestra salud permanece en estado óptimo, libre de medicamentos, después de nuestro alineamiento.  

Ahora podemos compartir nuestra experiencia, con propiedad, para que nuestro testimonio sirva de ejemplo de que es posible sanar por métodos naturales,  permanecer saludables y libres de medicamentos e intervenciones quirúrgicas.



Inteligencia aplicada.

Reformas en nuestros Sistemas de Salud, Educación y Trabajo.
La inteligencia -innata en cada ser- nos impulsa a comprender nuestro entorno para adaptarnos a él o mejorarlo; a dar respuesta a los estímulos que recibimos para poder sobrevivir como especie, crecer… y proteger a nuestra descendencia.

La información es luz, puede iluminar, cambiar positivamente la vida de las personas, pero muchas personas parecen no estar recibiendo la información adecuada, porque -si la recibieran- podrían sanar y preservar su salud.

Como capacidad que puede desarrollarse, la inteligencia se resume, en esencia, en el manejo eficaz de la información que administramos. Toda la información que recibimos debería pasar por un proceso de análisis, de depuración, que tendría que conducir a determinar su utilidad, que pueda servir de base para diseñar un plan de acción que arroje resultados positivos ante una situación que necesite ser resuelta.

Si la información recibida de una situación dada no nos sirve para encontrar la solución, entonces, ¿Cuál sería el beneficio de recibirla? Si recibimos un diagnóstico que no nos lleva a sanar, sigamos buscando.

Todo el mundo tiene dentro de sí mismo el filtro del discernimiento y la voz sabia de la intuición, aun sin haber tomado entrenamiento especializado.

En esta época, se hace mucho ruido. Los medios de comunicación alimentan el morbo en la gente, informando de manera constante sobre noticias negativas, crímenes, colapsos en los sistemas de salud, catástrofes… y con ese tipo de información se alimenta a una gran mayoría que se mantiene como consecuencia en una frecuencia de baja vibración, susceptible a todo tipo de enfermedades y calamidades.

¿Cómo podemos transformar este Status Quo?

Nuestra sociedad parece estar enferma, porque una mayoría de personas -que somos los que conformamos la sociedad- están actualmente enfermas (física, mental o emocionalmente).

Entonces, las personas necesitan sanar, para que sane la sociedad.  

Tenemos que trabajar, de manera prioritaria, en restablecer la salud de las personas.  

Vamos a debatir cómo reformar nuestros sistemas de Salud, de tal manera que podamos enfocar nuestros recursos más en la prevención y conservación de la salud, que en el costoso mantenimiento de la enfermedad.

Reformemos nuestros sistemas de Educación y Trabajo, de manera que nos eduquemos y seamos productivos, sin tener que invertir tantas horas al día sentados y estresados.

Y ojalá, mientras transformamos estos sistemas, que todo ser humano pueda recibir una evaluación de su columna vertebral y los ajustes quiroprácticos necesarios, para que sea restaurada en cada cuerpo la capacidad innata de sanarse a sí mismo;  y permanezca en óptima salud, durante -al menos- unos 1,000 años.

Que Así Sea. 

Melba Grullón Ubiñas
melbagrullon.blogspot.com

Suficiente, nunca es suficiente


[...]el Ego sólo está en una búsqueda EXTERNA de títulos, halagos, piropos, posiciones, posesiones… y siempre quiere más y más de todo sin que nada le sacie.[...]

El Ego es esa instancia psíquica que se reconoce como “yo”, parcialmente consciente, que controla la motilidad (capacidad para realizar movimientos complejos y coordinados) y media entre los instintos del “ello”, los ideales del súperyo y la realidad del mundo exterior.

Sí, así se define al Ego. Así lo denuncia el diccionario (R.A.E.) desde el punto de vista psicológico. Pese a ello, y aunque la definición podría ser ampliada en numerosos datos para que se entendiera mucho mejor, lo que se pretende en este artículo, es identificar al Ego con rapidez para que deje de afectar.

El Ego que es una de las tres partes que se componen el ser humano (dicho muy resumidamente), siendo no sólo la que controla la motilidad, sino que además, llega a eclipsar la libertad y la voluntad del individuo, que no anularla, pero sí la imposibilita por períodos determinados de corta, media o larga duración, aunque lo peor es que sea indefinido, como sucede a una gran mayoría de los seres humanos.

Visto lo visto, lo que hay que ver realmente, es cómo localizar el Ego en una de sus múltiples manifestaciones para que deje de perjudicar en ese control de la motilidad. Así que habrá que reconocerlo. 

Reconocer al Ego propio, incluso al de los demás, es muy simple.

El Ego es esa parte que siempre quiere más cuando ya tiene lo suficiente, e incluso más que suficiente y de sobra. Aunque lo suficiente es, para el Ego, una manera de llamarlo, pues es suficiente lo que cree que lo es, aunque luego no es tal cual lo creyó en primeras instancias, pero se da la paradoja de que nunca lo es, y aquí radica la trampa en la que se mete el Ego.

El caso es que, llegado este punto, al Ego se le ha inculcado algo muy particular y determinado, se le ha adoctrinado y “educado” en el más, y más, y más… sin parar.

El Ego humano “impulsa” desordenadamente, a la adquisición de más bienes, de más prestigio, de más distinciones, de más… la lista sería un sin parar, sería larguísima de exponer, pero con que se ponga más y luego lo que sea, se puede un@ imaginar hasta dónde puede llegar ese listado.

Pese a lo expuesto, ese más posee una coletilla a la que se aludirá posteriormente. Ahora pongamos un ejemplo sencillito: y sea alguien que ha sido “educado” en su Ego, a tener más y más dinero. Lo que no se le ha dicho es dónde está el límite final (si es que lo hubiera, que no lo hay), tan sólo se le suele marca que ha de tener más. El problema es cuando consigue tener ese inicial “más” que se le marcó. Justo en ese momento, el Ego salta diciendo que quiere más, puesto que ha descubierto a alguien que tiene aún más dinero. Y en este instante salta la anunciada coletilla, aparece el qué: más que. Consecuentemente, cuando ya tiene más de lo que le habían inculcado, establece la comparativa con alguien que tiene más que él y empieza de nuevo la vorágine de tener más qué ese, y no para hasta conseguirlo. Pero cuando lo ha alcanzado, vuelve a repetirse lo mismo, pues siempre hay alguien que tiene más, y de nuevo la acción sin control se impulsa en un descontrol de más y más que le precipita en un desconcierto sin voluntad propia y sin libertad alguna hasta llegar a la nueva meta que se plantea. Meta, que cuando es alcanzada ya no es suficiente, aunque de entrada lo era.

Evidenciado lo anterior, es muy fácil localizar al ego en una de sus más evidentes manifestaciones: nunca es suficiente para el Ego. Aunque el Ego tenga el suficiente dinero para vivir con dignidad, se indigna porque otros tienen más qué él y se empeña en tener más que otros porque piensa que no tiene suficiente en comparación con esos otros. Y cuando tiene más qué aquel con el que se comparaba, surge, siempre otro que tiene más, y de nuevo se enzarza en esa pelea con tal de tener más y más.

Cuando se piensa en adquirir, sea lo que sea, desde lo externo a base de lo externo, es estar metido en la insuficiencia continuada que nunca se colma por más que se consiga.

El Ego es un devorador, un glotón insaciable, un aspirador que no para de succionar todo lo que se ponga por delante.

Cada vez que se adquieren más posesiones, por ejemplo, se produce una regla que es inversamente proporcional, y es que a más que consiga el Ego, menos se siente el Ego, más deficiente se siente el Ego, y la necesidad de adquirir más de lo que sea, siempre de lo externo, se convierte en su pauta de comportamiento y conducta. Y así puede ser que llegue al final de su vida y sea el más rico del cementerio, pero no es más qué eso.

El Ego sólo quiere más y más, y es un sin parar agotador.

Por tanto, de lo que se trata, es de darse cuenta que el Ego sólo está en una búsqueda EXTERNA de títulos, halagos, piropos, posiciones, posesiones… y siempre quiere más y más de todo sin que nada le sacie.

Un Ser Humano libre, libre del Ego, no posee nada por sólo poseerlo. Y lo que posea, alcance o consiga, lo disfruta en continuidad. Por tanto, cuando se ha vencido al Ego, todo lo demás, lo externo, lo deja ir, puesto que sólo son lazos, lazadas y nudos que ahorcan la libertad personal desde el Ego en su afán de más y más.

Sí, suficiente, nunca es suficiente para el Ego.

José Luis Marín

El Secreto Está en la Unidad de Medida


No nos damos cuenta pero cuando aceptamos una condición como cierta realmente estamos vendiendo nuestra alma al Diablo; y esto... !no sólo pasa con las matemáticas!

UNA DOBLE ESCALA PARA “MEDIR” EL UNIVERSO:

Hoy día representa un misterio como se pudieron erigir las pirámides de Egipto. Dicen que los antiguos no conocían casi nada de matemáticas pero todas las evidencias sugieren algo muy distinto: realmente no pueden existir construcciones geométricas más perfectas. Sólo existe una posibilidad de poder erigir un monumento como la Gran Pirámide de Keops que condense en sus dimensiones no sólo una extrema perfección en sus relaciones geométricas sino que además sea un reflejo a escala, tanto de la Tierra como quizás, de todo el Universo. Si pudiera demostrarse que los Antiguos arquitectos utilizaron un conocimiento físico y matemático similar, aunque mucho más avanzado que el nuestro querría decir que realmente existió una civilización con un perfecto dominio tanto del espacio como del tiempo

De ser esto cierto quizás las pirámides contengan un mensaje visible a simple vista: un mensaje geométrico escrito en todas y cada una de sus piedras. Como muchos autores sostienen lo que los antiguos pretendieron era “La cuadratura del círculo”. Según ellos sólo fue un intento, aunque como vamos a ver desde otro punto de vista, las conclusiones pueden ser distintas.

En el siglo XIX dimos un salto en el conocimiento matemático con la introducción de diferentes tipos de geometría consistentes con el espacio-tiempo. En términos generales podemos definirlas como geometrías esféricas o curvadas. El nexo de unión entre la geometría euclidea que habitualmente estudiamos en el colegio y la geometría esférica se puede condensar en el concepto de “curvatura”, un concepto igual de fundamental en el mundo físico. 

Su aplicación práctica en la comprensión de los patrones que rigen el Universo no se hizo esperar mucho. Gracias a ella Einstein pudo desarrollar la teoría de la relatividad en la que se introdujo una descripción del espacio-tiempo que, como cabía esperar, lógicamente era curvado. Esto ha sido ampliamente demostrado.

Las matemáticas o, más concretamente, el tipo de geometría en que se basan siempre han ido por delante en el conocimiento profundo de los patrones que rigen el comportamiento del mundo “real” o natural. No es menos cierto que las matemáticas dependen totalmente de los números en que se basan y que solemos ver estos dispuestos solamente de forma lineal: es lo que conocemos como la métrica, la escala decimal o la recta “real”.

Por este motivo el nexo de unión entre estas diferentes variedades geométricas se basa precisamente en el Teorema de Pitágoras, que es el criterio que utilizamos para establecer si trabajamos con una “estructura” plana o curvada. Es lógico que así sea ya que comparamos ambos tipos de geometría con la única “herramienta” que disponemos para hacerlo: una escala lineal, que nos permite “triangular”.

Cuando definimos una función matemática lo que hacemos, en esencia, es otorgar a un número (o varios) un valor diferente de acuerdo con dicha función. Ambos valores, lógicamente, están vinculados por la propia definición. Ahora bien, a ambos lados de la ecuación trabajamos con los mismos valores; en otras palabras, todo lo que hagamos, matemáticamente hablando, está determinado (podemos conjeturar) por lo que los propios números nos permiten hacer. 

Podríamos pensar que esto es correcto si no fuera por un “pequeño” detalle; y es que, realmente, no sabemos cómo los números se organizan entre ellos. Todo lo que conocemos de los números lo sabemos a través de caminos indirectos, que son las funciones que habitualmente utilizamos, pero desconocemos si existe un patrón oculto que realmente determina su comportamiento o está en la base de todos los resultados. 

El razonamiento es el siguiente: si los números siguen un patrón de comportamiento (y esta es una de las “Conjeturas del Milenio”), este patrón será subyacente a cualquier estructura matemática que “montemos” gracias a ellos. Si esto fuera cierto cualquier concepto o construcción matemática que pensemos no sería correcta si entrara en contradicción con dicho patrón. En otras palabras, su existencia implicaría una correlación universal e intemporal independiente incluso de nuestra civilización y de toda nuestra ciencia matemática, ya que no podemos imaginar una forma diferente de contar que no sea de forma unitaria. Sería cierto que únicamente descubrimos, como en la naturaleza, los patrones ocultos y dado que estos pueden expresarse de forma matemática podría decirse, incluso, que los números representan el Universo. Física y matemática como sabemos son ciencias opuestas, pero absolutamente complementarias.

En matemáticas encontramos algunas anomalías, quizás la mayor de ellas sea la existencia de los números denominados imaginarios. Estos números no existen matemáticamente pero, curiosamente, son el mejor instrumento de que disponemos para representar gráficamente las principales manifestaciones del espacio-tiempo. No debemos subestimar su importancia porque una anomalía parecida, pero en un plano físico (no conceptual), fue la que permitió a Max Planck descubrir la mecánica cuántica, en un tiempo en el que todos estaban convencidos de que nuestro conocimiento físico ya estaba completado.

Trabajar con una única herramienta ciertamente condiciona nuestra forma de entender la realidad. Podemos expresar nuestra escala decimal en un plano de coordenadas, simplemente duplicándola. De esta manera tenemos unos ejes de coordenadas rectos que nos permiten describir todo tipo de manifestaciones espacio-temporales en un plano. Nuevamente podríamos decir que esto es correcto si no fuera por otro “pequeño” detalle relevante y es que el espacio-tiempo, como descubrió Einstein, también puede ser curvado, no sólo recto.

Tomemos un ejemplo algo más práctico. Normalmente definimos el valor de pi como un punto más dentro de nuestra escala decimal. Ya sabemos que este valor es muy especial, pues ha llegado a ser asimilado incluso con “Dios”. Ahora bien, respecto de lo que nos interesa, dicho valor puede representarse alternativamente tanto en una línea recta como también de forma curva; pero… si solamente utilizamos nuestra “métrica” una circunferencia no “cabe” en una línea recta. 

Si realmente pensamos que es cierto que todo lo que ocurre a nuestro alrededor puede ser descrito de forma matemática realmente tiene poco sentido “complicarnos” la vida con conceptos físicos. Si prescindimos de ellos podríamos sustituir todas las magnitudes físicas de nuestras ecuaciones tan sólo por una medida unitaria (el valor unidad, 1). La unidad, como dijo Planck, es la unidad de medida más básica en nuestro Universo; cualquier manifestación puede ser reducida a la misma. No sólo un “cuanto” de Planck sino, incluso, todo el movimiento del Universo, como si de una “onda” o un “ciclo” se tratara.

Cualquier función o estructura matemática es independiente de las unidades de medida y, en el fondo lo que establece es una idéntica numérica que se da entre dimensiones matemáticas. Un ejemplo de esto es la función que define el volumen de una esfera: en función de un radio inicial (un número) determinamos su equivalente a nivel tridimensional (otro número). Toda función matemática, realmente vincula, conceptualmente, dimensiones diferentes.

Hoy día intentamos unificar todas las leyes de la física bajo una única y exclusiva formulación “físico”-matemática. La principal incoherencia es que intentamos unificar un mundo físico descrito en función de determinadas magnitudes físicas, con el mundo cuántico, donde el concepto físico de medición es totalmente irrelevante. Si queremos unificar ambos mundos es lógico pensar que el vehículo adecuado sea únicamente el matemático. En matemáticas no dependemos de las unidades de medida, todo se basa en relaciones. Cuando adaptamos estas al mundo físico lo único que hacemos es asignar magnitudes conocidas a los símbolos matemáticos, aunque realmente estas sean irrelevantes. Su única utilidad se deriva de la necesidad de establecer comparaciones que nos son habituales. Pero, realmente, también podríamos comparar sin utilizar unidades de medida: todo depende del contexto o del punto de vista. Todo es relativo.

Si las matemáticas son el vehículo adecuado hemos de centrar nuestra atención en estas. Y, sobretodo, darnos cuenta de que si queremos alcanzar una descripción total del Universo quizás necesitamos no sólo una escala matemática, sino de dos escalas entrelazadas entre ellas, como si de una partícula y una onda se tratara.

Ahora vamos sobre ellas. Antes piensa que vamos a hablar de dos escalas opuestas entre ellas pero, a su vez, complementarias. La 1ª está hecha con los números naturales, la 2ª con sus opuestos. Todo lo opuesto, como el frío y el calor, en el fondo es complementario.

Precisamente este es el comportamiento que encontramos en el “medio” físico donde todo se basa en los opuestos: los efectos electromagnéticos, la gravedad o la relatividad (dualidad masa-energía) son un buen ejemplo. En cambio las matemáticas justamente no nos permiten hacer esto. 

Una precisa fundamental en matemáticas es que una solución no puede ser igual a su opuesta; en función de este criterio nos basamos para dar validez a las demostraciones. Es el criterio que se conoce como “reducción al absurdo” pero… ¿Qué pasaría si lo absurdo fuera lo correcto? Al fin y al cabo, el Universo parece tener un comportamiento totalmente paradójico. ¿No es cierto?

Vamos a abrir una brecha que ya está un tanto abierta. No siempre es cierto que una solución no pueda ser igual a su opuesta. Un ejemplo de esto son las elevaciones al cuadrado. Dos soluciones opuestas son equivalentes, aunque sea en una dimensión superior. El propio Teorema de Pitágoras también es un ejemplo de esto: dos líneas rectas opuestas formando un ángulo recto a 90º son iguales a una tercera, pero sólo cuando elevamos al cuadrado.

De esta incoherencia surgieron los números imaginarios, gracias a ellos una solución puede ser igual a su opuesta, pero claro, viendo esto siempre en un plano, no en una línea recta. 

La mayor parte de las incoherencias matemáticas surgen precisamente cuando elevamos al cuadrado. Gracias a esta función podemos demostrar incluso resultados a priori “absurdos”. Lo más importante es que una solución y su opuesta pueden ser vistas como complementarias, de la misma manera que un número imaginario se compone de la misma manera: dos puntos situados en lados opuestos del plano. Bajo este contexto, como dijo Gödel, un matemático, siempre existirán soluciones que sean correctas pero que estén fuera del sistema. Matemáticamente nos referimos a ellas como soluciones absurdas o imaginarias, simplemente por el hecho de que la probabilidad de que sean ciertas es extremadamente pequeña; tanto o más que la probabilidad de encontrar un valor que pueda definir una circunferencia perfecta. No es casualidad que todas nuestras leyes físicas relevantes se basen también en los cuadrados y en manifestaciones espacio-temporales opuestas. Todas ellas pueden ser vistas de forma geométrica.

Seguramente nunca habrás oído hablar de ella, pero hace miles de años ya utilizaron una doble escala en las construcciones que llevaron a cabo. Como habrás adivinado me estoy refiriendo al Antiguo Egipto. En estas pirámides milenarias podemos observar que, misteriosamente se utilizaron dos escalas. La primera de ellas es el codo real, también llamado “codo egipcio” y la segunda, y aquí también reside el misterio, fue el metro: una unidad de medida que tan sólo podemos referenciar hoy día a la velocidad de la luz: la única referencia en nuestro Universo. Tampoco es casual que estas civilizaciones adoraran la Luz que el Sol representa. 

Una parte del misterio lo podemos intentar comprenderlo ahora. Los “constructores” querían desviar nuestra atención no al metro, sino simplemente al concepto “unidad” para verlo simplemente de forma matemática, sin ninguna unidad de medida complementaria. Cuando hacemos esto nos damos cuenta de que, por ejemplo, la Gran Pirámide de Keops representa la Unidad, pues todas sus dimensiones están referenciadas a los valores áureos que, a su vez, se basan en la misma. Es indiferente hablar del diámetro unidad o del arco de una circunferencia, por ejemplo. 

Esta equivalencia la observamos en todas sus dimensiones interiores. La Gran Pirámide se construyó utilizando tanto los números naturales en la que, por supuesto, la unidad es su representante, como en base al codo egipcio que, a su vez, sintetiza una escala formada por valores áureos. Tampoco es casualidad que dichos valores muestren sus correspondencias con los números naturales precisamente cuando “elevamos al cuadrado”. Las dos escalas están relacionadas pero en dimensiones diferentes, de la misma manera que encontramos este tipo de relaciones con los números naturales. Los números imaginarios son el nexo de conexión, siempre que sustituyamos estos por la “divina proporción” (una solución que, cuando hacemos su raíz cuadrada es igual a su opuesta). Todo puede ser considerado igual o diferente dependiendo del punto de vista, de la misma manera que podemos imaginar que una circunferencia no es más que un cuadrado “girando”. Esta perspectiva desde diferentes puntos de vista es incompatible con la utilización de una simple escala, y más si se trata de una escala lineal. Las matemáticas, como están planteadas, no te permiten otro punto de vista, metafóricamente no te dejan “elevar” el lápiz del papel y pensar de forma diferente. Algo no puede quedar demostrado si no es bajo su peculiar criterio. 

Pongamos un ejemplo. La escala decimal no sólo se puede representar de forma lineal, también podemos pensar en ella como si de una “escalera” realmente se tratara. Simplemente sustituye el “cero” como indicador de posición (así es como actualmente lo usamos) por un “escalón”. Esta perspectiva diferente no distorsiona la concepción de escala decimal, dado que la misma, como la geometría, se comporta de forma fractal. Simplemente indicamos el cambio de posición en “vertical” en lugar de “horizontal”, pero la esencia no cambia. Si hacemos un esfuerzo incluso podemos contemplar la misma como si de una circunferencia se tratara: simplemente piensa que cada escalón de la misma, por pequeño que sea, siempre se compone de 10 escalones más pequeños. Si resulta complicado lo podemos ver de forma lineal: dado que toda nuestra escala decimal se puede representar de forma binaria, como si de 0s y 1s se tratara piensa en ella como si fuera el arco de una circunferencia, dando una gran vuelta. Si lo expresáramos en términos físicos diríamos que el tiempo también puede ser cíclico, no sólo lineal. ¿Puedes imaginar las consecuencias?

Si juntamos dos escalas como estas no necesitamos sólo una línea recta, también necesitamos un compás y un ángulo recto. Pero, aparte de esto, no necesitamos nada más. Lo que hoy día entendemos como relatividad y gravedad los antiguos lo veían como si de formas geométricas se tratarán. Este es el motivo de que el faraón venga siempre representado con dos atributos en sus manos: ambos son la síntesis de todo el conocimiento del Universo. Verdaderamente la civilización que construyeron las pirámides fueron dueños del espacio y el tiempo, los que los siguieron simplemente seguían este conocimiento. 

Dicen que una teoría unificadora es complicada, simplemente por el hecho de que intentamos unificar conceptos, en apariencia, totalmente diferentes. La base de la teoría áurea es que no hagamos esto, que simplemente veamos ambos como complementarios: como la esfera y el cuadrado. También, ¡claro! adaptando geométricamente todos los conceptos matemáticos que no tienen una exacta correspondencia con el Universo que observamos. 

Fueron los griegos los que, literalmente, “extrajeron” los números reales de la geometría para poder operar con ellos y proporcionarnos todos esos maravillosos teoremas matemáticos que aún hoy día, nos resultan imprescindibles. Lo que estamos haciendo es el camino inverso: devolvemos a los números naturales al lugar al que pertenecen. Bajo este concepto, tal y como los antiguos creyeron los números realmente son el Universo. 

La base de la Teoría Áurea se basa en no imponer ninguna condición de partida. Al hacer esto hacemos que las matemáticas sean relativas. Pero, al fin y al cabo, así es como el Universo se presenta.

No nos damos cuenta pero cuando aceptamos una condición como cierta realmente estamos vendiendo nuestra alma al Diablo; Y esto... !no sólo pasa con las matemáticas!

Ricard Jiménez
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