Cap. 1 - Creo que mi vecino es un reptiliano


Nada me jode más que tener que dar la razón al imbécil de Ernesto, que por otra parte el muy cara dura se auto invitó para ver el partido de fútbol el sábado pasado. Ya me advirtió Edu en clase de psicopatología: «para decirme algo, cuídate de que Ernesto esté lo suficientemente lejos». No le hice demasiado caso. Pensé que no era para tanto. Ese fue mi error. De modo que quedé con Edu para ver el partido del fin de semana, con Ernesto rondándonos como si fuese una mosca cojonera. Sé que Edu no tiene televisión de pago, y le encanta ver el fútbol por la tele, cosa que a mí no tanto, de hecho, me aburro como una ostra. A mí lo que realmente me gusta es su hermana Laura, creo que me he enamorado de ella con solo verla, pero no sé cómo acercarme, y mucho menos decirle nada, ni tampoco sé cómo se lo tomará él, me refiero a su hermano. Es un buen tío, y no quisiera perder su amistad. De este modo, consigo ir de vez en cuando a su casa, que está a sólo dos manzanas de la facultad, para estudiar juntos, pretexto perfecto para al menos poder verla.

Me llamo Germán, y al igual que Edu, intento sacarme el último curso de psicología, que a decir verdad se me está atragantando un poco. Ciertamente me lo estoy tomando con algo de calma. ¿Para qué correr tanto? Soy tres años mayor que él. Y según qué asignaturas se nos dé mejor nos ayudamos mutuamente. Digamos que hacemos un tándem casi perfecto. Pero el que realmente sabe es Ernesto, el muy cabrón es un cerebrito. Aunque muy inteligente, es un tipo raro, triste, entrometido y bastante pesado. Cuando llegó nuevo este año, a Edu y a mí nos dio cosilla verlo tan solo, por eso desde el primer día no hay forma de deshacerse de él. Aunque siendo un poco egoístas, nos interesa que esté de nuestro lado. No sabemos cómo lo hace, pero como mínimo predice las preguntas que ponen en los exámenes en un sesenta por ciento. Eso para un vago como yo es una verdadera joya, ya que para aprobar me basta.

El muy cabrón, me refiero a Ernesto, es capaz de comerse todo el frigorífico en una tarde. Mi amigo Edu y yo no entendemos cómo tras esas gafas de pasta negra puede haber un tipo tan huesudo y con tanto apetito.

El día del partido, recuerdo que llegó con la cara descompuesta. Edu y yo nos miramos desconcertados. Al parecer subió en ascensor con mi vecino. Dice que, después de que se saludaran cordialmente, parte de la piel del cuello se le escamó como si fuera un lagarto. Al parecer, José, mi vecino, se puso tan nervioso que intentó cubrirse la zona afectada. Me pregunto si será cierto o si se lo está inventando. Pero si se inventa algo así ¿a qué esa cara de descomposición? No creo que sea tan buen actor, y Edu tampoco lo cree. Hemos llegado a pensar que padezca de algún tipo de delirio o alucinación, lo que llamamos en psicología esquizofrenia. Pero también lo descartamos en vista de que no ha presentado nuevos síntomas desde entonces, ni desde que lo conocemos.

Así que llevo unos días que no duermo bien por las noches, pensando en que justo al otro lado de la pared… en fin, en que lo de mi vecino podría ser verdad. Lo cierto es que esta mañana me crucé con José, y se comportó conmigo de una forma un tanto extraña. En estos momentos estoy confuso y no sé qué pensar.



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