Cap. 2 - Creo que mi vecino es un reptiliano


Ya han pasado dos semanas de aquello. El tiempo, como se suele decir, lo cura todo, incluso las paranoias que Ernesto me metiera en la cabeza. ¡Coño, soy casi psicólogo! ¡Sabré yo de esto! Lo más probable es que me auto sugestionara con lo ocurrido. Recuerdo que de pequeño me daba miedo la oscuridad y veía monstruos donde no había nada. Y es que la imaginación de un niño puede llegar a ser ilimitada.

Anteayer, me volví a cruzar con José, y no le noté nada en especial, de hecho, lo vi como siempre, con su acostumbrada seriedad, educado y bastante tímido, poco dado a las conversaciones de más de dos frases, nula interacción social; es indiscutible que existen personas así. Él me miró, nos saludamos y ya está. Es un hombre de mediana edad, alto y moreno, de ojos verdosos y penetrantes. En fin, ¡un tío normal y corriente!, que incluso cualquiera podría verlo como buena persona ¿y por qué habría de ser mala? Pienso que todo esto se me fue de las manos.

O eso creía yo hasta hace un par de días. Volvió a ocurrir justo la noche en que me disponía a prepararme algo de cena. Bueno, en realidad es el bocadillo de casi siempre: un bollo de pan abierto por la mitad con un poco de jamón y queso, calentado al grill; me encanta. Otras veces echo mano de algún precocinado del congelador. La pizza la dejo para los fines de semana. Bueno, el caso es que cuando estaba metiendo el bocadillo a calentar, oí un ruido extraño que provenía del dormitorio. Siempre tengo la tele puesta en el salón; me hace compañía. Pero esa noche no sé qué me inspiró a desintoxicarme de tanta basura mental. Necesitaba un rato de paz, de estar unos instantes del día conmigo mismo.

Sin embargo, desconocía que aquella decisión me iba a originar de nuevo estos desajustes mentales. Porque estoy seguro de que no es más que eso, una especie de cuadro psicótico provocado por el estrés. De modo que dejé el bocadillo sobre el plato, tomé un par de tragos de la lata de cerveza como si aquello me diera fuerzas y me armé de valor para ir a la habitación y encender la luz. ¡Joder! ¡Qué susto me llevé con la puñetera cortina! Corría aire y la parte baja se arrastraba a los pies de la cama; además, el cerco metálico del estor chocaba contra el marco de aluminio de la propia ventana. Y todo a la vez hacían un ruido escalofriante en la noche, sobre todo para un individuo que vive solo, como yo. Cuánto hubiese dado por lograr recordar que las prisas de la mañana causaron el descuido de dejarla abierta. Aunque hay bastantes posibilidades de que esto fuera así. Últimamente ando algo despistado. Como digo, es una ventana interior, que da a una especie de ojo de patio, de unos cinco metros de ancho por diez de largo. Entonces fui a cerrarla. No si antes asomarme. Y la piel se me puso como la de una gallina. Y no, por desgracia para mí, no me lo provocó el fresco, porque hacía una noche agradable, sino los destellos de luz azul que emitía la ventana de mi vecino José, cuyas hojas se encontraban cerradas.

¡Hostias! ¡Qué coño era eso! Con algo de dificultad osé poner el oído, porque su ventana con respecto a la mía está relativamente próxima, ahora pienso que demasiado, a unos tres metros diría yo. Y era como cuando pasas caminado junto a una de esas grandes cajas de registros que instalan en la acera las compañías de telecomunicaciones. Sí, como un sonido magnético, o algo así. Me quedé inmóvil y perturbado durante unos segundos, el tiempo justo hasta que aquel extraño ruido se detuvo. Pensé que mi vecino se había percatado de mi osadía, y como si me persiguiese el mismísimo diablo cerré la ventana de mi habitación con tanta rapidez que di un golpazo contra el bastidor. ¡Seré gilipollas!

A mi amigo Edu no he vuelto hablar más sobre el tema, mucho menos a Ernesto. Ya sabes, son estas cosas que ocurren en un fin de semana con tus colegas, te lo pasas bien y luego se olvida. Tal vez me tranquilice contárselo, o tal vez no sea buena idea y piense que me estoy volviendo loco.

Llevo dos días durmiendo en el sofá. Y si no consigo relajar mi mente, estoy pensando en administrarme algún tipo de ansiolítico. Por lo pronto con un par de infusiones de tila me bastará, o al menos ese es mi deseo.




Publicar un comentario

1 Comentarios

  1. ADVERTENCIA A LA HUMANIDAD

    http://www.youtube.com/watch?v=bIGI2RoDJx4


    Desde el año 1.975 he sido un divulgador de los mensajes recibidos de mis Hermanos del Espacio, los Sabios Siderales procedentes de mundos más evolucionados que la Tierra.

    Han sido dadas a esta Humanidad todo tipo de avisos, advertencias, amonestaciones y alertas, con motivo de sus comportamientos inadecuados para la integridad del planeta y sus habitantes.

    No ha servido de mucho, porque el ser de esta Generación necesita mucha repetición y ni aún así se convence. Dios le creó a su imagen y semejanza, pero éste prefirió ser como es y seguir por el camino oscuro. Y eso es lo que no podía ser.

    Ya todos conocen la verdad, ya nadie puede decir "yo no lo sabía". Cada uno de los hombres y mujeres de este orbe serán responsables de sus actos y tendrán que responder por ellos.

    Pronto tendrá lugar el Juicio Final y en él se verán los nombres de quiénes están escritos en el Libro de la Vida. El veredicto del Juez Sabio será inapelable y todos recibirán lo que hayan merecido.

    La célula cósmica que habitamos va ser objeto de un Cambio de Ciclo, que hubiera sido más armonioso si sus habitantes no hubieran sido tan desobedientes, tan perversos y degenerados. Por ello, será traumático para la gran mayoría.

    Los Justos se purificarán y los Malos se perderán. Conviene no echar en saco roto esta advertencia.


    José García Álvarez
    Roquetas de Mar - España
    apostol72@movistar.es



    ResponderEliminar

Agradecemos TU COMENTARIO y que COMPARTAS la entrada.