“No vayas detrás de mí, tal vez yo no sepa liderar. No vayas delante, tal vez yo no quiera seguirte. Ve a mi lado para poder caminar juntos.”
Proverbio Ute

Poema Hsin Sin Ming: Meditaciones (1ª Parte)


Seng Tsan es el autor de un antiguo y espléndido poema titulado Hsin Sin Ming. De su vida y obra no se conoce casi nada. Sí sabemos, de acuerdo con los relatos tradicionales, que el Zen (Chan) llegó a China, en torno a la primera mitad del siglo VI, de la mano de un monje hindú llamado Bodhidharma. Era el 28º sucesor en una línea de transmisión de la enseñanza que se remontaba hasta Kasyapa, discípulo del propio Buda. A partir ahí, el Zen fue echando raíces en China, abriéndose un linaje espiritual de seis patriarcas o maestros, siendo precisamente Seng Tsan el tercero de ellos. En esos primeros tiempos, se produjo un bello encuentro entre el Zen y el taoísmo chino, surgiendo una de las tradiciones antiguas más ricas de significados en la que inscribe el poema Hsin Sin Ming, claramente impregnado del aroma taoísta.

A continuación os muestro la 1ª Parte de las Meditaciones de nuestro amigo Emilio Carrillo emanadas de la lectura del poema Hsin Sin Ming, obra de Seng Tsan, uno de los primeros maestros chinos de Zen.

¡Que las disfrutéis!


No es difícil encontrar:

no es complicado descubrir tu Ser Profundo, tu Verdadero Yo.

Simplemente, ¡deja de buscar!:

cesa de aceptar y rechazar posibles caminos para llegar a él;

evita elegir, elude toda preferencia;

libérate del odio y del amor.

Tu Ser Profundo se hará entonces en tí

con toda claridad, en toda su plenitud.



La más leve señal de preferencia, elección o juicio,

aunque sólo te alejes de tu Ser Profundo el grosor de un cabello,

provocará una sima tan honda

como si se separaran Tierra y cielo.

Si deseas que tu Yo Verdadero se manifieste,

no abrigues ningún pensamiento

ni a favor ni en contra de nada.



El conflicto entre el pro y el contra,

lo que amas y lo que no amas,

lo que te gusta y lo que te disgusta,

las opiniones y los argumentos,

las disputas y los deseos de la mente:

estas son las enfermedades del alma,

las que la alejan de la libertad del Ser Profundo

y la someten a la tiranía del ego.



Sumérgete en tu interior, en el Ser que Eres,

allí donde la quietud es absoluta.

Nada hondo hay en las aguas superficiales;

chapoteando en ellas todo se turba, nada se gana:

te fatigaras en vano procurando apaciguar tu alma.



Tu Ser es Perfecto,

engloba todas las dimensiones,

los Universos, los Omniversos,

los Tiempos Paralelos, los Espacios.



Nada tiene en carencia,

nada en exceso;

nada le queda fuera,

todo, hasta el Vacío, le queda dentro.



Tu Ser es el Todo

y sólo una ilusión te separa de Él:

la ficción de que lo conforman partes

entre las que tu mente y tu alma pueden elegir.



Entonces pierdes de vista tu Esencia

y olvidas que Eres lo que Eres:

el Todo, el Ser.



Tu Ser es Perfecto,

y es Todo,

incluso el Vacío,

incluso el No Ser.



Los juicios bloquean el fluir natural de tu Ser Profundo

e irritan la mente, que necesita silencio.

No te detengas ni en las complicaciones exteriores,

ni en el vacío interior.

No persigas el mundo sometido a la casualidad,

no te aferres a las apariencias, a las cosas opuestas.



Acéptalas con imparcialidad

y no perderás el tiempo en elecciones insubstanciales.

Si el Espíritu permanece en paz en el Uno,

éstas perspectivas desaparecen,

el dualismo se desvanece por sí mismo.



Siguiendo la dualidad, te estarás extraviando,

irás lejos del centro, que es donde se halla el equilibrio.

Si vas de uno a otro, hacia cualquiera de los innumerables opuestos,

perderás de vista el Todo,

no podrás adquirir consciencia del Uno.



Cuando la actividad cesa y la pasividad prevalece,

ésta, a su vez, no es sino más activa:

la Quietud es Movimiento;

el Movimiento es Quietud.



Quietud y Movimiento,

eso, Todo, eres Tú.



Tu Yo Verdadero es Uno y es Todo;

e ineludiblemente es, a la vez, Ser y No Ser.

Decidir lo que es, es determinar lo que no es.

Pero determinar lo que no es te puede ocupar tanto

que se convierta en lo que es.



Cuando la Unidad de Todo no es comprendida hasta el fondo,

el error se manifiesta de dos maneras:

el rechazo de la realidad,

que puede llevar a su negación;

y detenerse en el vacío,

que puede llevarte a una contradicción contigo mismo.



Frases huecas, juegos del intelecto,

cuanto más te entregas a ellos

más olvidas tu Esencia,

más alejas tu cuerpo y alma de tu Ser Profundo,

más protagonismo adquiere el ego

y más limitada conviertes tu existencia.



Deja de hablar y especular

y tu Yo Verdadero todo lo inundará,

todo lo absorberá, todo será.

Si suprimes los discursos, opiniones y elecciones,

no habrá lugar al que no puedas ir libremente,

nada te será imposible.



Tú eres el origen y razón de ser de cuanto es,

sin distingos de ningún tipo.

Cesa en tu lucha contra lo que es, contra la Vida,

interioriza que Todo es Perfecto

y deja de pensar en metas

y que de ellas depende tu éxito.



Si corres tras las apariencias e ilusiones,

te alejarás del Principio y olvidarás la Realidad.

Si regresas a la raíz y te afianzas en tu Ser,

permitirás que todas las cosas fluyan hacia su origen,

es decir, hacia ti,

constando la armonía, el sentido de la existencia

y tu poder Creador.



El reencuentro con lo que Eres

genera la “iluminación”.

Transciendes, entonces, el “vacío” del mundo

y su oposición a ti mismo.

El reencuentro lo experimentarás tan natural,

que la propia “iluminación” carecerá de entidad

desde la perspectiva de tu Ser.



Si crees que acontecen cambios

en el mundo exterior, en aquello que te rodea,

se debe a tu ignorancia,

que los hace parecer reales.



El Ser y tú Ser es Uno y es lo Real.

Y es inmutable e inalterable.

Si consideras que hay transformaciones

es por causa de las opiniones, los juicios y los dualismos

que atiborran tu mente.



Pon término a la deriva mental,

establécete en la Quietud y el Movimiento

y, desde la Paz Completa y el Silencio Absoluto,

haz tuya la Verdad de que no hay que buscar la verdad.



Basta con que pongas fin al juego de la mente.

Si eliges, prefieres o discriminas,

equivocas el camino;



Deja de buscar y escoger,

no te hundas en los opuestos,

evita las dicotomías.



Si hay el menor rastro de sí o de no,

el Espíritu queda olvidado en un laberinto de complejidades.

En cuanto tu mente establece el bien y el mal,

surge la confusión y el engaño

y el ego sustituye al Yo Verdadero al frente de tu vida.



La dualidad existe en razón de la unidad,

pero no te aferres a esa unidad.

Tu Espíritu es el Ser Uno,

no te apegues ni siquiera al uno.



Cuando el Ser Profundo toma el mando de la vida,

el ego se diluye junto con su mar de confusiones mentales.

La complejidad desaparece,

la multitud se unifica

y nada puede ya ofenderte, ni perturbarte.



Quietud y Movimiento en lo hondo de tu Ser profundo:

permanece en este estado, tu estado natural,

y la sonrisa de tu Ser borrará todo interrogante,

toda mueca de disgusto o desagrado.



Cuando el Ser Profundo llena nuestra vida,

es como si el Ser Profundo no existiera.



Su luz muestra la realidad: Todo es Uno,

sin dicotomías ni ambivalencias.

Lo inofensivo y lo dañino dejan de existir,

nada nos ofende, nada nos turba.



Los sujetos se diluyen cuando son liberados de sus objetos,

al igual que los objetos cuando son liberados de sus sujetos.



El sujeto desaparece tras el objeto,

el objeto se desvanece con el sujeto;

el sujeto se calma en cuanto cesa el objeto,

el objeto cesa en cuando el sujeto se calma.



El objeto es objeto por el sujeto;

el sujeto es sujeto por el objeto.

El Ser que Somos no conoce fragmentaciones;

la mente es la que divide, fabricando dualidades.



Sujeto y objeto no existen

en la unidad de nuestro Yo Verdadero;

Sin embargo, son imprescindibles

para que se justifique nuestro pequeño yo, el ego.



En el Ser, nada son.

Fuera de Él, adquieren apariencia de realidad,

engatusan a los sentidos físicos

y agotan con vaivenes a la mente.



Ser Uno, Ser.

Vibración sin palabras.

Siéntelo, porque eres Tú.

Es tu Ser y tu No Ser;

es el Ser y No Ser de Todo.



En Él, sujeto y objeto se identifican.

Cada uno, sujeto y objeto,

contiene en sí todos los opuestos,

las totalidad absoluta de las cosas.

Y en la Unidad del Ser los dos son uno,

pues Todo es el Ser Uno.



No distingas entre lo sutil y lo grosero;

¿cómo tomar partido por éste contra aquel?.

¡Qué perdida de energía escoger entre vasto y fino!.

Todas las cosas nacen del Uno y en el Uno son una.



Cuando no se discrimina entre esto y aquello,

desaparecen las visiones parciales y preconcebidas;

y la paz y la libertad emanan del Ser,

brotan de quien es la Paz y la Libertad radicales e intrínsecas.



Tu Esencia es infinita;

en ella nada es fácil, ni difícil.

Tu Esencia abarca todas las cosas

y no sabe de prejuicios.

A ella conducen todos los caminos

porque ninguno a ella lleva.



Las opiniones son inventos de la mente:

cuanto menos tardan en adoptarse,

más se demoran en desaparecer.



Cuanto más deprisa creas ir,

más lenta será tu inmersión en la Consciencia Perfecta

que canta y baila dentro de ti.



Tampoco te apegues a la Unidad

pues perderás toda mesura

y emprenderás un camino sin salida.

Nada prefieras, ¡nada!:

ni siquiera el placer interior

que la sensación de Unidad proporciona.


Continuará...


1 Conciencias Opinan:

Anónimo dijo...

son conceptos,ni mente,solo cerebro.
se necesita dirigir el silencio,el silencio puro es insuficiente.
ya eres es la verdad,pero no recordarlo es ignorancia.

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