“No vayas detrás de mí, tal vez yo no sepa liderar. No vayas delante, tal vez yo no quiera seguirte. Ve a mi lado para poder caminar juntos.”
Proverbio Ute

El Vuelo del Dragón [Actualizado]


Lee y luego si quieres vuelve a poner tu escudo en su sitio no vayas a "meter la pata". Al prota de "Como entrenar a tu dragón" se le quedó atascado en el desfiladero y no hizo demasiado por recogerlo, simplemente pasó por debajo de él a pesar del miedo que aún seguía teniendo encima. Miedo que al final de la peli fue historia...



...SIN MIEDOS LA VIDA ES PURA DICHA, LIBERTAD Y TREMENDA ALEGRÍA DE EXISTIR.



MIRDAD: Oráis en vano cuando os dirigís a otros dioses que no seáis vosotros mismos, pues en vosotros está el poder de atraer y el de repeler.

Y en vosotros está aquello que atraéis y aquello que repeléis, pues poder recibir algo es poder dar eso mismo.

Allí donde hay hambre, hay alimento. Donde hay ali­mento, necesariamente también hay hambre. Sufrir el dolor del hambre es poder gozar de la bendición de estar harto.

Sí, en la necesidad está lo que colma la necesidad. ¿No es la llave una garantía para la cerradura? ¿Y no es la cerra­dura una garantía para la llave? ¿No son ambas, la cerra­dura y la llave, una garantía para la puerta?

No os apresuréis en importunar al cerrajero cada vez que perdáis o no sepáis dónde pusisteis la llave. El cerraje­ro hizo su trabajo y lo hizo bien; no se le debe pedir que lo esté haciendo constantemente. Haced vuestro trabajo y dejad en paz al cerrajero, pues él, después de haberos ser­vido a vosotros, tiene otras cosas que hacer. Retirad el hedor y la basura de vuestra memoria y ciertamente encon­traréis la llave.

Cuando Dios, el Impronunciable, os pronunció, asimis­mo Él se pronunció en vosotros. Vosotros sois, por lo tanto, también impronunciables.

Dios no os dotó de ninguna fracción de Sí mismo, pues Él es indivisible, sino que os dotó de toda su divinidad, indivisible, impronunciable. ¿A qué mayor herencia podéis aspirar vosotros? ¿Y quién o qué puede impediros disponer de ella, sino vuestra propia timidez y ceguera?

En lugar de estar agradecidos por esa herencia y en lugar de procurar los medios para poder tomar posesión de ella, algunos hombres —¡ciegos e ingratos!— hacen de Dios una especie de estercolero al que arrojan sus dolores de muelas y de vientre, sus pérdidas financieras, sus que­rellas, sus venganzas y sus noches de insomnio.

Otros hacen de Dios su tesoro, donde esperan encontrar en todo momento lo que desean, dado que codician poseer todos los oropeles de este mundo.

Todavía existen otros que hacen de Dios el administra­dor de sus intereses particulares. Pretenden que Dios no sólo mantenga al día las cuentas de lo que poseen y de sus deudas, sino que también cobre lo que se les debe, consi­guiendo siempre un pingüe y generoso saldo a su favor.

Sí, son muchas y diversas las tareas que los hombres asignan a Dios. Muy pocos se dan cuenta de que si en ver­dad ellas estuviesen a cargo de Dios, Él las ejecutaría solí­cito y no necesitaría que ningún hombre Le incitase a hacerlo o se lo recordase.

¿Acaso le recordáis a Dios las horas en que debe nacer el Sol o ponerse la Luna?

¿Le recordáis que haga brotar a la vida el grano de trigo en aquel campo?

¿Le tenéis que recordar que aquella araña teja su tela?

¿Le tenéis que recordar la existencia de los polluelos del gorrión de aquel nido?

¿Acaso tenéis que recordarle las innumerables cosas que llenan este infinito universo?


¿Por qué presionáis sobre su memoria con las irrisorias necesidades de vuestros insignificantes seres? ¿Acaso os favorece menos que a los gorriones, al grano y a la araña? ¿Por qué no recibís, como ellos, vuestros presentes y os ocupáis de vuestras tareas, sin alaridos ni genuflexiones con los brazos extendidos, y sin buscar ansiosamente cono­cer el mañana?


¿Y dónde está Dios para que necesitéis gritarle, en Sus oídos, vuestros caprichos y vanidades, vuestras alabanzas y vuestras quejas? ¿No está Él en vosotros y en todo lo que os rodea? ¿No está Su oído mucho más próximo a vuestra boca de lo que está vuestra lengua de vuestro paladar?

Le basta a Dios con su divinidad, de la que vosotros tenéis la semilla.

¿Si Dios, habiéndoos dado la semilla de su divinidad, tuviese que cuidar de ella en lugar de vosotros, cuál sería vuestra virtud? ¿Y cuál sería el trabajo de vuestra vida? ¿Y si vosotros no tuvieseis trabajo alguno que ejecutar, sino que Dios tuviese que ejecutarlo para vosotros, qué sentido tendría entonces vuestra vida? ¿Y de qué valdrían todas vuestras oraciones?

No elevéis a Dios vuestras innumerables preocupacio­nes y esperanzas. No Le pidáis que os abra las puertas de las que Él os dio las llaves. Mas buscadlas en la inmensi­dad de vuestros corazones, pues en ella se encuentra la llave de todas las puertas. Y en la inmensidad del corazón están todas las cosas por las que sentís sed y hambre, sea para bien o para mal.

Un poderoso ejército aguarda vuestra llamada, y ejecutara inmediatamente la menor de vuestras órdenes. Si se halla debidamente equipado, sabiamente disciplinado y valientemente mandado, podrá saltar eternidades y destruir todas las barreras que se opongan a su ideal. Si está mal equipado, indisciplinado y tímidamente capitaneado, vaga­rá inútilmente o se retirará con presteza ante el menor obs­táculo, arrastrando tras de sí la más negra derrota.

Y ese ejército no es otro, ¡oh, monjes!, que esos dimi­nutos glóbulos rojos que están ahora, silenciosamente, cir­culando en vuestras venas; cada uno de ellos es un milagro de fuerza, cada uno de ellos es un registro completo y exacto de toda vuestra vida y de toda Vida, en sus más ínfi­mos pormenores.

Este ejército se reúne en el corazón, y desde el corazón se despliega. Por eso, el corazón es tan famoso y tan reve­renciado. De él brotan lágrimas de alegría y de tristeza. En él se precipitan vuestros temores de vida y de muerte. Vuestras ansias y deseos son el armamento de ese ejército. Vuestra mente es la que lo disciplina. Vuestra voluntad su instructor y comandante.

Cuando seáis capaces de equipar vuestra sangre con un Deseo-Director que silencie y sobrepase todos los deseos, y entreguéis a un Pensamiento-Director la disciplina, y encarguéis a una Voluntad-Directora el entrenamiento y el mando, entonces veréis realizado ese deseo.

¿Cómo alcanza el santo su santidad, sino eliminando de su corriente sanguínea todo deseo y todo pensamiento incompatible con la santidad, para después dirigirlo con una resuelta voluntad a no buscar más que la santidad?

En verdad os digo que todo deseo, todo pensamiento y toda voluntad santos, desde Adán hasta hoy, correrán a ayudar al hombre así inclinado a alcanzar la santidad, pues en todas partes las aguas buscan siempre el mar y los rayos de luz el Sol.

¿Cómo ejecuta el asesino sus planes, sino excitando su sangre hasta que ésta adquiera una sed insana de asesinato, y reuniendo las células de esta sangre en filas cerradas bajo el látigo de un pensamiento director asesino, y capitaneado por una incansable voluntad de asestar el golpe mortal?

En verdad os digo que todo asesino, desde Caín hasta hoy, correrá sin que sea llamado, para dar fuerza y firmeza al brazo del hombre que está embriagado por el asesinato, pues los cuervos siempre se asocian con los cuervos y las hienas con las hienas.

Orar, pues, es infundir en la sangre un Deseo-Director, una Voluntad-Directora. Es, pues, afinar el yo para que quede en perfecta armonía con todo aquello por lo que oráis.

La atmósfera de este planeta, reflejada con todos sus pormenores dentro de vuestros corazones, está henchida por los errantes recuerdos de todas las cosas que presenció ella desde su nacimiento.

No existe ninguna palabra o acción, ningún deseo o anhelo, ningún pensamiento pasajero o sueño transitorio, ningún aliento de hombre o animal, ninguna sombra, nin­guna ilusión que no haya registrado en ella, hasta hoy, su curso místico, y así se hará hasta el fin de los tiempos. Afinad vuestro corazón con cualquiera de ellos y él cierta­mente se apresurará a tañer las cuerdas así templadas.

Para orar no precisáis tener lengua ni labios, sino un corazón silencioso y despierto, un Deseo-Director, un Pensamiento-Director y, por encima de todo, una Voluntad-Directora que no dude ni titubee; pues las pala­bras nada valen si el corazón no está presente y despierto en cada sílaba. Y cuando el corazón está despierto y pre­sente, es mejor que la lengua duerma o se esconda tras los labios cerrados.

Tampoco necesitáis templos para orar en ellos.

Quien no pueda encontrar un templo en su corazón, jamás encontrará su corazón en un templo.

Yo os digo estas cosas a vosotros y a los que son como vosotros, pero no a todos los hombres, pues la mayoría de los hombres todavía son como náufragos. Sienten la nece­sidad de orar, pero no saben cómo hacerlo. Sólo pueden orar con palabras, y no encontrarán las palabras si vosotros no las ponéis en sus labios. Se sienten perdidos y llenos de pavor cuando se les hace recorrer la inmensidad de sus corazones, mas se hallan sosegados y confortados entre las paredes de los templos y entre la multitud de criaturas como ellos.

Dejadles erigir sus templos. Dejadles recitar sus ora­ciones.

Pero a vosotros y a todos los hombres, yo os ruego que oréis por la Comprensión. Cualquier deseo que no sea éste, jamás será cumplido.

Recordad que la llave de la Vida es la Palabra Creadora. La llave de la Palabra Creadora es el Amor. La llave del Amor es la Comprensión. Henchid vuestros cora­zones con ésta y evitad a vuestras lenguas la fatiga de tan­tas oraciones; liberad vuestros corazones de la unión con todos los dioses que os esclavizan con dádivas, que os aca­rician con una de sus manos solamente para golpearos con la otra, que están satisfechos y son amables cuando los alabáis, mas llenos de odio y venganza cuando los censuráis, que sólo os oyen cuando los llamáis, y que no os dan nada si no les imploráis y que habiéndoos dado, con frecuencia se arrepienten de los dones dados; cuyo incienso son vues­tras lágrimas, cuya gloria es vuestra vergüenza.

Sí, liberad vuestros corazones de todos estos dioses, para que podáis encontrar en ellos a vuestro Dios único, que habiéndoos henchido de Sí mismo, os saciará para siempre.

(Del Libro de Mirdad de Mikahil Naimy, Capítulo 13 - La Oración)

por James
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Ahora os dejo con este bellísimo video musical realizado por DPSwvesau, de la película "Como entrenar a tu dragón" mencionada al comienzo de la entrada. Película que recomiendo encarecidamente que veáis incluso con los más pequeños de la casa, ellos son como esponjas que absorben todos los mensajes y los que esta película lanza durante la misma pueden ser verdaderas perlas para sus conciencias en desarrollo. 

No dejéis de leer la letra de la canción subtitulada. 


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