“No vayas detrás de mí, tal vez yo no sepa liderar. No vayas delante, tal vez yo no quiera seguirte. Ve a mi lado para poder caminar juntos.”
Proverbio Ute

Daniel Gallucci – Experiencias (6ª Parte)




Unos años más tarde, en el 2003, más precisamente el 8 de noviembre de 2003, tuvo lugar la convergencia armónica. Este evento consistía en una alineación particular de planetas en el sistema solar, la cual formaba una estrella de David con La Tierra dentro. Esto producía un efecto de amplificación de todo lo que se hiciera a nivel energético. Por tal motivo, se organizó a nivel físico y espiritual una coordinación para iluminar al planeta, lo que significaba un importante salto con respecto al ritmo que se traía hasta ese momento.

Fue impresionante la coordinación, ya que además de saberlo a nivel espiritual y energético, recibí infinidad de correos electrónicos alertando y alentando a la gente de todo el mundo (que estuviese en condiciones de hacerlo) a participar en la iluminación del planeta Tierra.

Si bien el 8 de noviembre era el día indicado, como el de mayor amplificación y beneficio, desde algunos días antes al salir del planeta para enviar luz con el anillo de poder, veía algunos seres haciendo lo mismo (pero sin herramienta), y más naves que de costumbre rodeando La Tierra, también enviando luz.

Llegado el día 8, me preparé a la mañana armonizándome y llenándome de luz un poco más que de costumbre.

Un rato después me dispongo a salir del planeta, pero también salir de la línea del tiempo para estar al mismo momento que el resto de los seres que harían lo mismo.

Salí del planeta y me posicioné más lejos que de costumbre. Desde esa posición, ya con el anillo de poder, pude observar el evento que se estaba llevando a cabo. Alrededor de La Tierra había miles de naves esperando el momento, junto con las naves habían cientos de miles de seres que como yo habían salido del planeta a enviarle luz. Más lejos de La Tierra había unas cien naves de tamaño bastante mayor que las anteriores y seres que se notaban que no eran terrestres, pero en la misma situación que el resto de nosotros. Estos también estaban sin herramientas, pero tenían mucha más luz que los humanos. Aún un poco más lejos, a la misma distancia que estaba yo, había 6 seres más, todos ellos humanos, ubicados a la misma distancia pero rodeando al planeta. Nosotros estábamos cada uno con una herramienta distinta. Las herramientas que pude ver (había dos que me tapaba el planeta) eran la estrella de David a mi derecha (desde mi punto de vista, no al lado mío sino rodeando el planeta); la estrella de cinco puntas a mi izquierda; arriba y casi del otro lado del planeta estaba el cáliz; más a la derecha y abajo estaba la flor de loto, y las dos restantes no las pude ver por la posición en la que se encontraban y en este momento no recuerdo cuales eran esas dos herramientas.

Casi a la misma distancia, pero un poco más lejos entre la estrella de cinco puntas y yo había una gran nave dorada. En el momento en que apareció la nave sentí una vibración conocida, y telepáticamente me saludó un ser desde la nave, alguien con quien yo había trabajado antes. Era un ser importante en esa nave, que yo reconocí como un superior mío en otra oportunidad, y ahora estaba trabajando en la coordinación del evento. El ser era parecido a los seres que aparecen en la película Encuentro cercano del tercer tipo, pero un poco más bajo, con la cabeza de mayor tamaño y no era tan flaco.

Una vez que estaba todo listo, este ser me dio la indicación para que comience. En ese momento activo el anillo de poder y comienzo a absorber energía del ambiente (del espacio que me rodeaba tanto física como interdimensionalmente) y a concentrarla como luz en mí. Un momento después, empecé a irradiar esa luz en un rayo dirigido a La Tierra, con la mayor intensidad que pude. Un instante después, las otras seis personas que estaban con herramientas hicieron lo mismo y les siguieron los demás seres y naves que estaban orbitando al planeta.

La cantidad de energía enviada al planeta fue impresionante, y se consiguió dar un salto que hubiese significado mucho más tiempo en condiciones normales.

De las personas que estaban usando las herramientas, me pareció conocida una mujer que se encontraba a mi izquierda con la estrella de cinco puntas. Unos días después me enteré que era Angélica, la profesora de yoga de mi mamá, quién le confirmó lo ocurrido con lujo de detalles.

Unas semanas más tarde hubo otra convergencia armónica la cual no era tan poderosa como la anterior, pero que igualmente era de un beneficio considerable para el planeta. En esta oportunidad, sentí que no tenía que enviar luz desde el espacio sino atraer luz, estando yo en la superficie de La Tierra.

Me preparé de la misma forma, pero esta vez, si bien sabía que había una cantidad similar de gente trabajando, no la veía debido a mi posición.

Comencé a atraer un rayo de luz de igual intensidad que el enviado anteriormente, pero que pasaba a través mío y luego yo lo “traducía” y lo enviaba a La Tierra. Mientras pasaba la energía por mi cuerpo, sentía un calor intenso y una energía impresionante. También sentí más directa la respuesta del planeta, la cual empezó como una energía no del todo limpia y fue creciendo en intensidad de luz, y con sentimientos de alegría, paz y agradecimiento. La intensidad de la luz de la respuesta del planeta seguía creciendo hasta alcanzar a la luz que estaba entrando al planeta, y en ese momento fue como una explosión, y después calma. La calma que hubo después, era como una satisfacción, todo luz, tranquilidad, y un sentimiento de “misión cumplida”.



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