“No vayas detrás de mí, tal vez yo no sepa liderar. No vayas delante, tal vez yo no quiera seguirte. Ve a mi lado para poder caminar juntos.”
Proverbio Ute

Recuerdos de la Atlántida (3ª Parte)




Algunos atlantes quedaron en aquella tierra del Mayab y con ella se hundieron, pero otros que se movieron hacia regiones noroccidentales y otros que se adentraron a las selvas del sur, sobrevivieron.

Descendientes de estos quedan todavía aunque muy transformados, sus huellas las encontramos en los “Mayas” del Sureste de México, Honduras y Guatemala, como también en los “Carians” de Sudamérica y en los indios Piel Roja de Norteamérica llamados en la actualidad los “Hopi” “Indios de Paz”. Todos ellos aún conservan después de miles de años el recuerdo de esa tierra sagrada y de aquel inolvidable Maestro y Avatar que trajera tanto conocimiento al mundo.

Los hopi en Arizona por ejemplo, recuerdan esta amada tierra con el nombre de “Palatquapi” “Tierra Roja” (Palenque estaba originalmente pintada de rojo), era el lugar en el cual se encontraba su amado dios y Rey que junto a los sacerdotes les impartían gran sabiduría en un templo que fungía como una Universidad, este edificio aún existe y le nombran en la actualidad “el Palacio” en Pakal (Palenque Chiapas, México).

Los de nuestra gente que recibieron la orden del Gran Espíritu de viajar rumbo al Norte (los Hopi), iban separados en grupos a los cuales llamaron clanes y caminaron por mucho tiempo por sendas a través de las cuales fueron siempre guiados. La orden fue que no debían detenerse hasta encontrar la tierra señalada en la cual permanecerían por tiempo indefinido hasta el regreso de nuestro Gran Maestro y Rey Kukulkan, al cual ellos actualmente llaman “el Hermano Blanco, Pahana”. Viajaron por mucho tiempo, pero antes de marchar de la ciudad sagrada “Nakan” o “Palátkwapi”, “Pahana” (Kukulkan) se les presentó y les dio cuatro tabletas de piedra con instrucciones grabadas en ellas, mismas que hasta este tiempo aún conservan.

En una tableta (Frank Waters, “Book of the Hopi”, Ed. Penguin Book) conservada por uno de los clanes, el Clan del Oso, se observa gran similitud con la distribución de los símbolos de la Lápida de Palenque y a más contiene dos símbolos muy especiales que aún podemos encontrar en su lugar de origen: las huellas de oso y las figuras que como siluetas fantasmales dan fe de la presencia del Dios Creador.

En Pakal Palenque en el Templo llamado de la Cruz Foliada que está dedicado a un dios de la Tríada, el dios GII que es precisamente el dios Creador y dios del maíz, se encuentran dos figuras peculiares que en lo alto del templo y a manera de ventanas permiten el paso del viento “Ik” el Espíritu, el Aliento Divino; éstas ‘ventanas’ tiene la misma extraña forma de los símbolos divinos de las tabletas hopi llamados justamente símbolos del “Espíritu” y al igual que la tableta, el mismo templo es dedicado al maíz.

Todo esto para comprobar que esta tableta Hopi procede de Palenque pues es la misma “Palatkwapi” “Tierra Roja” la tierra sagrada de los ancestros Piel Roja. Vemos en seguida la figura tan especial simboliza “el Espíritu del Creador”:

Obsérvese con detenimiento la imagen siguiente de un incensario encontrado en Pakal el cual representa al Kinich Uaxac Ahau. Su cuerpo robusto y su rostro portando una máscara, que por las orejas y el corte alrededor de la nariz y boca se sabe representa a un oso, pues esto último simula la mancha color miel que caracteriza a estos animales de gran fuerza física. Fíjense en sus manos que tienen la forma de las garras del oso y no quedará duda de que si algunas manos dejaron esas huellas en las Tabletas Hopi, fueron estas:

 
Este par de garras con ocho pezuñas en total nos dan de manera codificada el “glifo-nombre” del Rey, en ellas veladamente se encuentra el título “Uaxac” el cual en la lengua maya en su orden natural significa “Ocho” y a la inversa “Caxau” quiere decir “Dos Garras”:   Uaxac = 8   Caxau = dos garras.

Es entonces “Uaxac” el nombre que oculto aparece en estas tabletas, pero recordemos que el 8 como símbolo cósmico representa lo “Infinito” o “Eterno”, entonces se convierte en un adjetivo con el cual se identifica a un gran ser Señor Eterno que porta como símbolo numérico el “8” “Uaxac“. En una bella concordancia vemos que este mismo es el título que lleva grabado en su sarcófago el Rey de Palenque o Nakan, él es:  Uaxac= 8   Ahau= Señor o Rey

Al decodificar las huellas de oso que aparecen al calce de la Tableta Hopi, separadas del contexto general, a manera de “la firma” de quien entregó dicha objeto, es ahora reconocible que éste Señor Sagrado es el “Uaxac Ahau” Rey de Palenque: “Kukulkan el Hermano Blanco”.

Nuestro Rey, antes de llegar a serlo y de partir hacia Nakan, vivió una vida llena de paz en su ciudad natal a la que llamaban “Tollán” dedicado al estudio, siendo preparado por el gran sacerdote que levantó el primer templo en la Montaña Santa, pues cada cierto tiempo, maestro visitaba a su alumno en aquella “ciudad Imperial”.

“Tollán” es la misma Ciudad Real de “Atlán” a la cual también llaman “Otlana” (Josefa R. Luque Álvarez), nombres muy similares pues se trata del mismo lugar. En los nombres Tollán y Otlana hay solo un juego de letras en los cuales cambian el orden con una mínima diferencia:


Tikal, ciudad Imperial maya-atlante

Preparándolo aún para ser un culto y digno futuro Rey, y teniendo apenas doce años, el joven príncipe se vio en la tristeza de recibir la noticia de la muerte de su padre. Como aún vivía su madre, y como Reina que era, a ella le queda todo el mando y poderío del Rey, pero tres años mas tarde en una renuncia voluntaria ella cede la corona a éste su hijo mayor. Esto causa el recelo y enojo del hermano menor quien fuera el motivo principal y fundamento por el cual parte del pueblo se inconforma y levanta en contra del nuevo y joven Rey. A más de la corona era el gran carisma, el gran magnetismo espiritual que este joven Rey poseía y por el que se ganaba el cariño inmediato de los que lo conocían, lo que envidiaba tanto su hermano.

Desde niño le tuvo mucho celo, pero la presencia de sus padres y el amor y respeto hacia ellos lo detenían de hacer algo malo en contra de su hermano mayor. Fue poco tiempo después de la muerte de su madre que comenzó a levantar a la gente contra su hermano el Rey, difundiendo grandes mentiras, razón por la cual se ganó para la posteridad el calificativo de “Espejo que Ahuma las cosas” “Tezcatlipoca”.

Muchas veces el sabio Rey, el Kinich Uaxac Ahau apacentó y llenó de luz las mentes rebeldes, hasta que un día armado y seguido por un grupo de hombres llegó el hermano menor lleno de ira a la morada del Rey, amenazando con iniciar la guerra. Sintiendo profunda compasión por su hermano y protegiendo las vidas de su pueblo, nuestro amado dirigente salió a su encuentro arriesgando la propia vida; y lleno de amor, de ese elevado amor que lo caracterizaba le habló pidiéndole la paz notificándole que renunciaría al trono para cedérselo, pero también le pedía reinara con honor y justicia por el recuerdo de sus amados padres.

A pesar de que no hubo guerra entonces por que las divinas palabras del Rey apacentaron la mente encendida del hermano, nuestras almas sintieron un verdadero sufrimiento y dolor de muerte al ver ese mismo día al Rey Santo descender de su trono dejando de lado su cetro, corona y vestimenta real, abandonando su hogar para dirigirse en un silencio profundo al lugar que desde entonces y hasta su muerte le acogería con gran amor y le brindaría la paz que su ser tanto anhelaba… Port Ofir o Nakan, “La Tierra de la Serpiente”.

Las lágrimas cubrieron nuestro rostro, y tanto era nuestro amor hacia él que no dudamos en desterrarnos a su lado. He quedado prendida de ese Gran Sol como mariposilla a la luz y aún hoy después de miles de años sigo sus huellas esperando un día volverle a ver.

Es Él, quien me ha despertado en mi vida actual de ese letargo en el cual caímos, y después de muchos años de ir enseñándome poco a poco a volver a ver la Verdad de nuestro origen, a entender el conocimiento antiguo y saber decodificar de nuevo los símbolos sagrados, llegó el momento en que me guió a hablar y escribir todo lo que en mí había vertido. Es a través de la misma voz del Gran Espíritu que me ha dicho:

“…Las piedras no callarán más, toda la Verdad será develada.”
Itzen Caan

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